51.- 11 de Enero, Martes. Comienza el Outback. De Wilpena (Flinders National Park) a Glendambo.

    Habíamos puesto la alarma del móvil a eso de las 6.15 a.m para irnos a hacer una ruta por el parque hasta el mirador de Wangaara, pero cuando despertamos y vimos lo nublado que estaba decidimos esperar un poco y dormir más. Salimos sobre las 9 a caminar con una temperatura perfecta, porque las lluvias de la noche anterior habían refrescado un pelín el ambiente, solo un pelín, pero era perfecto para caminar sin ahogarse. La ruta dura en total entre que subes y vuelves al parque de caravanas unas 2 horas.
  En los primeros tramos recorres por una pista todo el bosque atravesando una garganta entre dos montañas rojas. Un riachuelo minúsculo nos acompaña siguiendo nuestro ritmo. Luego llegas a una antigua casa de los primeros pobladores de la región, que, aunque restaurada, aun conserva su forma inicial con restos de maquinaria de campo a su alrededor. También algún que otro canguro claro. La subida al mirador es de unos 500 m de largo. En ella si no andas listo te comes alguna que otra tela de araña, y creednos cuando os decimos que las arañas de esas telas, no son nada pequeñas, aunque claro, tampoco son venenosas, al menos para el ser humano. La vuelta es rápida y la hacemos acompañados de un cuarteto de Australianos e Ingleses que nos encontramos y con los que empezamos a charlar, entre otras cosas sobre arañas peligrosas.
     Una vez en la caravana y tras comprar más agua, que aquí con el calor que hace el cuerpo pierde liquido muy rápido, pusimos rumbo a Hawker, para desviarnos a Port Augusta y de Port Augusta tratar de llegar a Glendambo, a unas 5 horitas de viaje tranquilamente atravesando llanuras inmensas con muy poca vegetación, pueblos fantasmas y rectas infinitas. El calor es abrasador, y no pega el sol, ya que está seminublado. Rondamos los 40 Cº y ya no nos podemos quitar mas ropa para refrescarnos, porque si nos para la policía nos detiene seguro.
     Antes de llegar a Port augusta paramos a comer unos bocatas caseros en Quorn, descubriendo una peculiar estación de tren. Esta vieja estación acoge el célebre trayecto del Pichi Richi Train. El tipo que bautizó al trenecito se quedó muy a gusto (seguramente sería de Cádiz). De Quorn a Port Augusta son unos 40 km de carreta donde finaliza la cordillera Flinders y por donde Pichi Richi se cruza continuamente por la carretera.
 Desviación en Port Augusta


 En Quorn
El Pichi en Quorn
   Una vez pasado Port Augusta y ya en carretera encontramos al otro lado de las poquísimas elevaciones que hay, una de la muchas lagunas de sal que hay por la zona, donde paramos y bajamos a dar un pequeño paseo. Probamos lo salado del suelo, anduvimos descalzos y sentimos como la capa de sal se resquebrajaba bajo nuestros pies y apareciendo gotas de agua por el barro.
En 1220 km te cruzas con solo 3 núcleos urbanos Pimba/Woomera-Coober Pedy-Alice Springs. Las estaciones de servicio están por medio
 
 Un enorme “tren de carretera” de los que cruzan la Stuart Highway
Un Emú cruzando la calzada
 
Que ya llegamos!
 
  Australia del Sur, que abarca la friolera de casi un millón de Kilómetros cuadrados de extensión tiene una población de 1,5 millones de habitantes, de los cuáles 1.467.000 viven el su capital, Adelaida, y otros 14.000 en Port Augusta, que es el punto de comienzo de la Stuart Highway en el extremo sur. Es una de las carreteras más largas del mundo, donde empieza la ruta de Sur a Norte de Australia que vamos a hacer.  Estábamos en el número de habitantes: calcular de los casi 20.000 habitantes que restan, lo que les toca de terreno en la vasta Southern Australia. Encontrareis pueblos de 20, 200, 1000 habitantes salpicando el millón de kilómetros cuadrados, separados por cientos de kilómetros sin civilización.
  La ruta que empezamos es conocida como la “Ruta de los exploradores” en la Stuart Highway. Esta carretera atraviesa el Outback de Australia Meridional y del Territorio del Norte, que básicamente es un vasto y baldío espacio, de inmensas llanuras de tierra roja salpicadas de pequeños arbustos, a partir de la Cordillera Flinders y la península de Eyre hacia el norte. En este terreno se encuentra el Lago Eyre, que es uno de los lagos de agua salada más grandes del mundo, del tamaño de Holanda y en el cuál en los años 70’ se intentó batir el record de velocidad por tierra. Paisajes rocosos, grandes lagos de sal que se llenan de agua muy de vez en cuando y miles de kilómetros de carretera por recorrer. De Port Augusta a Darwin en la Costa Norte hay unos 3000 km por los que se atraviesan desiertos, áreas prohibidas militares, reservas aborígenes y muy poca población, la mayoría concentrada en la céntrica Alice Springs.
   A medio camino hicimos una parada en el pueblo de Woomera, una población de 200 habitantes “humanos” que tiene sus orígenes en las pruebas británicas de armamento y los programas espaciales. Es una población que recientemente ha sido noticia por haber sido propuesta como cementerio nuclear de bajo nivel y por la controversia de un centro de detención para refugiados. La Woomera también da nombre al Áera Militar prohibida que abarca en el Outback una región tan extensa como Andalucía. Que vete tu a saber lo que los militares de la Commonwhealth hacen por alli, desde luego nada bonito, que luego hablan del pobre Hamahdineyad (con la “J” Aspirada hay que pronunciarlo). Aquí Iker Jimenez (que para los no enterados es el Friki de Cuarto Milenio en Cuatro) tendría carnaza para dos o tres programas.
  Estas fotos están tomadas en el pueblo de Woomera en un parque público con columpios (antes de la zona prohibida). No os penséis que estamos tan locos
 Los siempre peligrosos niños
 
   Llegados a Glendambo nos alojamos en su único Caravan Park, solo tiene 30 habitantes (humanos), miles de ovejas y millones de moscas. Uno de los humanos, un mozo de veinti pocos años regentaba el bar-hotel-sala recreativa-camping de Glendambo. Algunos camioneros holgazaneaban entre cervezas a la puesta de sol en aquel local de madera y chapa. Al hacer el registro de entrada, Freddy –que creemos respondía a ese nombre- giraba sobre su propio eje en su fantástica silla de oficina y emitía sonidos nasales parecidos al inglés. La cogorza que llevaba era de campeonato.
 Glendambo. Hay que decir que el sitio es auténtico y nos encantó
Buenas noches Freedy

1.- Los mochileros, esos grandes desconocidos

¿Os habéis planteado alguna vez qué es ser un mochilero?
 
Ser mochilero no es para todo el mundo. Para empezar hay un requisito que, a mi parecer es indispensable, y es que un poco de espíritu aventurero hay que tener. Desde luego que es una experiencia increíble que os aseguro os va a hacer cambiar en muchos aspectos, entre ellos y creo
 el más importante es que os va a abrir la mente hacia nuevos horizontes que antes
 no sabíais que estaban ahí.

2.- Preparativos, ¡OJO al dato!

• Antes de viajar compraros la guía, imprescindible. Así empezaréis a ilusionaros, a leer sobre el país al que viajáis, a anotar cosas interesantes, y en definitiva a empezar a aprender. Comprar la Lonely Planet no es de gusto de todos los viajeros ya que se ha vuelto demasiado popular, y los lugares que antes la guía te recomendaba como tranquilos, restaurantes, hostales o calles, ahora ya no lo son, o al menos no tanto como la guía dice. Pero para el resto es una gran opción como compañera de viaje y yo siempre la llevo conmigo. Mucha de la gente que he conocido en mis aventuras viaja durante largos periodos de tiempo, y en este tema hay disparidad de criterios: unos me dicen que después de seis meses viajando no van a acumular una guía tras otra, porque les pesaría demasiado, por lo que, o bien, las venden o las intercambian por la guía de su siguiente destino. Los otros las van enviando a sus respectivos hogares para conservar como un recuerdo más estos destartalados libros llenos de apuntes, y hojas añadidas con detalles del viaje, así como tarjetas que va uno recopilando o incluso hojas de árboles o plantas que decides poner entre una de sus páginas para que se quede ahí y cuando lo abras de nuevo años después y la veas, vengan a ti como rayos de luz, esos recuerdos que guardas en tu memoria.

3.- Conozcamos a nuestra mochila. Preparando el “Macuto”

En este punto lo primero y más importante que os voy a decir es “hay que ser realista”. Me explico. Yo soy de esas personas que tras unos cuantos viajes de mochilera tengo mi lista de cosas que me voy a llevar guardada en un documento de Word en el ordenador, y que reviso de vez en cuando añadiendo o quitando cosas. No me funciona, porque siempre acabo llenado la dichosa mochila de “por si acasos”.
<< Hasta que no esparzáis por el suelo de vuestro salón todas las cosas que pensáis llevaros, no os daréis cuenta de la cantidad de cosas que no vais a necesitar, y os recomiendo encarecidamente que separéis las cosas en dos montones: uno llamado “esto sí” y el segundo “no lo tengo muy claro”. Y del segundo todavía podéis hacer otros dos: el “con uno me basta” y “puede que sí”. Parece una broma pero creedme que funciona. De esta manera llegaréis a tener un solo montón de cosas que seguro o casi seguro que acabáis usando en el viaje. >>

4.- Y para finalizar, o recomenzar mejor dicho…

Ahora bien, después de este rollo que os he soltado como introducción al viaje sólo os puedo decir una última cosa, la más importante. Un mochilero vive el día a día, y lo disfruta como tal, así que, sonríe, sorpréndete, aprende de tu viaje y de la gente que se cruza contigo, comparte, llora de alegría cuando algo te emocione, pruébate a ti mismo, ilusiónate con el camino que recorres y vive la experiencia desde los ojos de un niño, inocente, curioso que ansía descubrir cada rincón secreto de la tierra que pisa, como un pirata en busca de un tesoro perdido. Vosotros sois los piratas, y el país, ese tesoro por descubrir.

5.- La llegada, asusta un poco

Dos hermanas y un nuevo país
 
Había llegado el momento. Tras mucha espera y muchos nervios Elsa y yo aterrizábamos en la capital del país, Ho Chi Ming City.
IMG-20130202-WA0001
 
Es una locura. En este punto nuestra opción para el visado de Vietnam había sido solicitarlo a través de una agencia online, que se pone en contacto con las autoridades vietnamitas para que emitan una carta de aceptación, que debes presentar a tu entrada al país. En el aeropuerto tienes que pasar por inmigración para que cierren el trámite que comenzaste en España. Paciencia es la mejor de las recomendaciones que puedo hacer. Hay un avión entero esperando por lo mismo que tú, y una hora no te la quita nadie. Veréis como la gente pierde los nervios y como por falta de información o que son así de desinformados se encuentran con que en vez de pagar un visado normal, han de pagar el doble casi por uno de entrada múltiple de más de un mes… Leer, siempre tenéis que leer un par de veces cualquier formulario que rellenéis online, y si hay algo que no entendéis, usad google translator, no lo dudéis y puede que os ahorréis dinero.
Teníamos mucha prisa pues en una hora cogíamos otro avión hacia Hanói. De meternos paliza, nos la damos el primer día y ya amanecemos en nuestro primer destino: NORTE DE VIETNAM.

6.- La ciudad de las millones de motos, Voluntad Celestial y la tortuga del lago Hoàn Kiêm

        Nos encontramos en pleno “Old Quarter” de Hanoi o comúnmente conocido como “casco viejo” en España. Lleno de historia, pulsante de vida, abarrotado de comercios y motos y rico en productos exóticos, esta parte de la ciudad es el corazón histórico de Hanoi. En el siglo trece 36 nobles de Hanoi, la antigua ciudad, se establecieron aquí, tomando cada uno de ellos una calle diferente. Hay aproximadamente 50 calles ahora, llamadas mercancías “Hang” en vietnamita seguido por la palabra del producto que se vende en esa calle, por ejemplo, P Hang Gao es la calle de la seda. Digamos que las tiendecitas de Hanoi siguen unos principios comerciales diferentes a los que estamos acostumbrados en España, lo que quiere decir que las tiendas de temática similar están todas agrupadas en la misma calle o barrio, para así crear más negocio y ayudarse unos a otros. Por ello podemos encontrarnos calles repletas de zapaterías, barrios enteros dedicados al comercio de seda, cerámica, etc.